Nuestra historia: De un encuentro fortuito a una visión compartida
Viaja con el sabor
Hay historias que no empiezan con un plan.
Empiezan con algo que llevas en la sangre.
Nosotros crecimos entre tierra, huertos y personas que saben que nada verdadero se construye sin trabajo. La agricultura nunca fue para nosotros un oficio. Fue hogar. Fue el lenguaje de nuestra infancia, el olor de las madrugadas y la lección de la paciencia aprendida sin darnos cuenta.
Aunque nacimos en rincones distintos de Europa —uno en Rumanía, el otro en España—, la raíz fue la misma: la agricultura corría por nuestras venas.
Introducción
Sobre Iulian
Iulian llegó a España en 2005. En la Costa del Sol, en Almuñécar, comenzó a trabajar junto a agricultores, a probar, a aprender y a respetar la tierra y a quienes la cultivan. Descubrió los frutos tropicales no en libros, sino en los huertos, con las manos llenas de tierra y el sol en la nuca. Y algo se encendió para siempre.
Sobre Marc
Marc creció en la otra punta de España, en Barcelona, dentro de una familia donde la fruta no era una mercancía, sino pasión y tradición. Sus abuelos habían construido la marca PERALS, presente desde hace años en Mercabarna y, anteriormente, en el mercado de Collblanc. Con manzanas y peras cuidadosamente seleccionadas comenzaron el camino familiar en el sector, especializándose con el tiempo en productos gourmet, como los tropicales. Ahí nació su obsesión por la calidad, la selección y el sabor auténtico.
Marc inició su recorrido profesional en otra empresa del mercado y pronto intuyó que el comportamiento del consumo cambiaría. Viajó por distintos países y comprendió la oportunidad de traer fruta exótica de forma directa a Europa. Así nació un amor incondicional por este tipo de fruta.
Capítulo 1
La búsqueda en Barcelona
Nos conocíamos por internet. Nos seguíamos a la distancia. Sabíamos el uno del otro, pero nunca nos habíamos visto en persona. Hasta que un día cualquiera, Iulian sintió que tenía que buscar a Marc. No “algún día”. En ese preciso momento.
El camino hasta Barcelona no fue sencillo. De camino al aeropuerto de Málaga, se dio cuenta de que no había hecho el check-in. El tiempo límite ya había pasado. Llegó con el corazón en la garganta y apenas quedaban 30 minutos para el despegue. Nada estaba asegurado. Una mujer en el mostrador lo miró, lo escuchó y, con un gesto que lo cambiaría todo, decidió ayudarlo.
“Check-in forzado”. “Última oportunidad”.
Subió al avión a pocos minutos del despegue. Durmió apenas dos horas en Barcelona y, a las cuatro de la mañana, ya estaba en el mercado. Pero el mercado aún no estaba abierto. Alguien le había dado mal la hora. Esperó hasta las siete. Caminó kilómetros enteros por el inmenso recinto, preguntando, buscando un rostro que solo conocía por TikTok, un nombre que todavía pocos identificaban: Faszina Selected.
Parecía que no lo encontraría… Y justo cuando el horario se acercaba a su fin, lo vio.
Nos dimos la mano y lo supimos. No lo pensamos. No lo dudamos. Lo supimos. Como si nos conociéramos de toda la vida.
Capítulo 2
El Viaje al Origen: Ecuador
A partir de ahí, todo empezó a fluir de forma natural. La colaboración cobró vida y nuestro deseo común se hizo claro: no quedarnos en la superficie, sino ir al origen. Así llegamos a Ecuador, durante diez días que nos cambiaron la vida. Queríamos ver con nuestros propios ojos de dónde venía cada fruta. Hablar con los agricultores, comprender su trabajo, sus sacrificios y sus historias.
Conocimos personas extraordinarias, colaboramos con Chris y Ximena y recorrimos plantaciones de piña, granadilla, guanábana, jackfruit, pitahaya amarilla y muchas más. Vimos cómo crecen, cómo se cosechan y cuánta labor hay detrás antes de que lleguen a las mesas de Europa.
Llegamos a la línea del Ecuador —el lugar donde el agua gira distinto a cada lado del mundo—. Un símbolo perfecto de lo que estábamos viviendo: nos encontrábamos exactamente en la frontera entre lo que habíamos sido y lo que estábamos a punto de convertirnos.
Ecuador nos fascinó y nos sacudió al mismo tiempo. Nos enamoramos de su gente, de su naturaleza y de su sencillez, pero también vimos la dura realidad de un país hermoso y frágil. Una vida vivida con dignidad, pero llena de dificultades. Agricultores que trabajan de sol a sol y familias para las que cada cosecha representa la seguridad del día siguiente. Vimos alegría sincera, pero también preocupaciones que nosotros no vivimos y peligros con los que ellos convive a diario.
Entonces entendimos, quizá por primera vez de verdad, cuán privilegiados somos y cuánta responsabilidad llevamos. En esos días comprendimos algo esencial:
Nosotros no vendemos frutas. Vendemos su camino.
Frutas que salen de los huertos, suben a un avión, pasan por nuestros almacenes y llegan a vuestros hogares en tiempo récord. Detrás de cada sabor hay trabajo, riesgo, pasión y personas reales.
Capítulo 3
Los Cinco Dólares y el Propósito
Y como toda historia verdadera, la nuestra también está hecha de pequeños momentos, aparentemente insignificantes, pero que lo dicen todo. Un día, mientras recorríamos mercados y huertos y hablábamos con agricultores, Iulian encontró cinco dólares en el suelo. Los guardó en el bolsillo de unos pantalones, sin imaginar que volverían a ser importantes.
Esa noche, esos pantalones terminaron en la lavadora. No los lavamos, porque no sabíamos cómo ponerla en marcha. Al día siguiente teníamos una reunión extremadamente importante. Ya íbamos tarde en un taxi cuando el conductor nos dijo que solo aceptaba dólares. La tarjeta no funcionaba y los euros no eran válidos. Durante unos segundos, todo parecía perdido.
Entonces Marc recordó los cinco dólares que seguían en el bolsillo de aquellos pantalones, aún dentro de la lavadora. Los encontramos. Y eran exactamente suficientes. La intuición de Marc y el “azar” de Iulian nos llevaron justo a donde teníamos que llegar.
¿Suerte? No lo creemos. Más bien, una señal de Dios de que estábamos en el camino correcto.
Capítulo 4
Viaja con el sabor.
La Esencia
Sentados en las escaleras de un restaurante, cansados, con el polvo del camino aún en los zapatos y Ecuador todavía vivo dentro de nosotros, guardamos silencio durante unos minutos. Nos miramos y entendimos lo mismo: no habíamos viajado al otro lado del mundo para vender frutas.
Habíamos venido a entender el sabor. A las personas. El camino.
Ahí todo encajó: los huertos, los agricultores, los riesgos, los viajes con el corazón encogido y las frutas que pasan por tantas manos antes de llegar a casa. Entonces, casi al mismo tiempo, pronunciamos la frase que nos definiría para siempre:
Viaja con el sabor.
Se convirtió en nuestro lema y en la esencia de todo lo que estaba por venir. Porque realmente habíamos viajado por el sabor. Porque cada fruta lleva consigo un camino. Y porque quisimos que, a través de Dulzes Exóticos, vosotros también viajarais —sin avión, sin equipaje, solo a través del aroma.
Y quizá, al final, eso es lo único que importa. No cuántos kilos vendemos. No cuántos kilómetros recorren las frutas. Sino por qué los recorren.
Porque Dulzes Exóticos no nació del confort. Nació de caminos recorridos con el alma apretada, de huertos ardientes y del valor de creer cuando nada era seguro. No empezamos desde cero. Empezamos desde menos. Desde el anhelo. Desde el riesgo. Desde el sueño de que el trabajo honesto se sienta en el sabor.
Dulzes Exóticos es el puente entre los huertos y vuestros corazones. Es la prueba de que el sabor puede contar una historia. Y que, a veces, una fruta no es solo una fruta.
Es nuestro camino hasta vosotros. Y, a partir de ahora, vuestro camino junto a nosotros.
Viaja con el sabor.